Las protestas no son básicamente manifestaciones que se engendra a partir de las consecuencias de algo. Más bien deberíamos empezar, y como sería lógico desde su principio.La violencia es una situación con la que hemos tenido que lidiar desde hace medio siglo. Los gobiernos, y hasta las personas se han encasillado en las mismas formas de luchar en contra y combatir la violencia: con más violencia.
Si observáramos, sin tener en cuenta fuerzas ideológicas y de poder, la guerra se engendra en mentes humanas, en seres humanos. Si la educación en nuestro país y en cualquier lugar del mundo, ocupara la primera función en las agendas gubernamentales, no habría duda, en que haríamos del recurso humano, un beneficio más para la trasformación de la sociedad.
A través de la educación los individuos, desde su más temprana edad, adquieren los valores propicios para verse y vivir como partes de grupos sociales, como seres con derechos pero además con obligaciones, que deben cumplir para aprender a convivir en un ambiente sano y en paz.
Pero si en cambio, se les está enseñando a los niños los antivalores propios de esta época como el consumismo, o las de siempre como el deseo insaciable de poder y de dinero, de pisotear a los demás, no se hace extraño que busquen a través de la forma más rápida y fácil alcanzar sus ideales.
Propongo formas de comunicación, para educar a los individuos, en especial a niños y a jóvenes en etapas de crecimiento personal y social, para que adopten patrones de comportamientos que revolucionen el concepto de vivir en comunidad, para erradicar por completo las aterradoras formas de violencia y agresión al prójimo.
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